Retrospectiva y reflexiones sobre la Teoría del Decrecimiento

Si partimos de la pregunta ¿cómo podemos hacer nuestro futuro más sostenible?, muchas son las voces que advierten que la única manera es reducir radicalmente nuestro consumo global de recursos. Esta es una premisa clave del decrecimiento, una teoría política y económica que está ganando terreno a medida que aumentan los temores por el cambio climático. Pero ¿es el decrecimiento viable?

El concepto de decrecimiento es más que una simple crítica al crecimiento económico continuo. Surge como una alternativa para enfrentar los desafíos ambientales y sociales que vivimos en la actualidad. Desafíos que conocemos, pero que aún nos cuesta imaginar.

A veces necesitamos comparativas para alcanzar a ver las dimensiones de lo que nos rodea. Desde esa premisa, como ejemplo de partida, podríamos decir que

Si todas las personas que habitamos el planeta Tierra consumiéramos como un ciudadano promedio de Europa, necesitaríamos tres planetas Tierra para poder abastecernos. Tres planetas tierra produciendo para darnos vida.

Por ello, mientras que el PIB (Producto Interno Bruto) sigue siendo el principal indicador empleado para medir el progreso, el decrecimiento nos invita a reflexionar sobre cuánto crecemos y a qué precio.

Así que en medio de crisis ecológicas y desigualdades sociales que en la misma medida van en aumento, la teoría del decrecimiento plantea una visión de sostenibilidad que desafía el paradigma actual.

Decrecer es transitar un camino que implica cambiar no solo las políticas económicas, sino también las actitudes culturales y personales que promuevan la justicia social y el cuidado del medio ambiente.

¿Es posible que estemos preparados para cuestionar lo que realmente necesitamos para vivir bien?

¿Qué es en realidad el decrecimiento?

El decrecimiento, como decíamos, es una senda que implica reflexión y decisiones: acción. No se trata de un dogma, sino una alternativa al crecimiento económico continuo, pero apuntando a la sostenibilidad y la mejora de la calidad de vida. Con un enfoque que se centra en los impactos del crecimiento infinito en la biosfera y los recursos limitados de la Tierra, donde nosotros tenemos la plena responsabilidad. Aunque si bien es cierto que no es fácil reducir el ritmo y las tendencias económicas heredadas, el reto está en mitigar los propios problemas que causamos. 

Teoría del Decrecimiento de Serge Latouche

Georgescu-Roegen, matemático y economista norteamericano, fué quién sentó las bases del concepto de decrecimiento a finales del siglo XX, pero fue Serge Latouche quien la popularizó a mediados de la década del 2000 y amplió el término y sus implicaciones. 

Si hubiera que sintetizar su esencia en una frase, podría decirse que: la teoría del decrecimiento desafía el sistema capitalista actual, que prioriza el crecimiento a cualquier coste.

Lo que propone Latouche es una economía estable que busca reducir el consumismo excesivo y reconceptualizar la calidad de vida más allá del dinero o el PIB.1

Él pone foco y énfasis en la necesidad de un cambio cultural que valore “lo suficiente” en lugar de “siempre desear más», creando una sociedad centrada en el bienestar comunitario y en la sostenibilidad medioambiental.

Crecimiento continuo vs. Límites del crecimiento

La idea de crecimiento continuo ignora los límites de ese mismo crecimiento, abordados hasta la saciedad en foros como el Club de Roma en el informe que precisamente se llamaba “Los límites al crecimiento” (1972)2; en el que proponían iniciativas que condujeran a un modelo de crecimiento cero.

Desde este punto de vista, el crecimiento infinito es imposible debido a los recursos finitos del planeta. Y el productivismo exacerbado lleva a acelerar la crisis climática, incrementando los costos ambientales y sociales.

Por ello, las propuestas de decrecimiento económico pretenden reducir el consumo y enfocarse en un uso más racional y equitativo de los recursos existentes, alineándose con una visión más sostenible de la economía.

¿Es entonces el PIB un indicador inadecuado?

El término de Producto Interior Bruto (PIB) fue creado por el Premio Nobel de Economía Simon Kutznets en 1934. Tras años de desarrollo del Sistema de Cuentas Nacionales estadounidense, con la aprobación de la directiva Employment Act de 1946, el PIB pasaría a convertirse en la macromagnitud que guiaría la política oficial en Estados Unidos.3

Sin embargo, fue el propio Kuznets uno de los principales críticos con la interpretación que se le estaba dando. Ya en su primer reporte a los congresistas de Estados Unidos en 1934, el propio Kuznets advirtió: 

El bienestar de una nación difícilmente puede inferirse a partir de la medición del ingreso nacional tal como ha sido definido aquí

Ya en 1968, Kuznets volvería a insistir en un discurso pronunciado en el Congreso estadounidense: 

Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios, y entre el corto y el largo plazo. (…) Los objetivos de más crecimiento deberían especificar de qué y para qué

Estas advertencias iniciales de Kuznets revelan una comprensión profunda de las limitaciones del PIB.

Si bien el PIB es una herramienta útil para medir la producción de bienes y servicios, no captura la complejidad del bienestar humano, la sostenibilidad ambiental o la calidad de vida.

En la actualidad, la necesidad de indicadores más completos es evidente. La búsqueda de alternativas al PIB, refleja un creciente reconocimiento de que el progreso de una sociedad no puede reducirse a una simple cifra económica.

Volvamos entonces a la pregunta en sí: ¿Es el PIB un indicador inadecuado?. La respuesta es: «No y sí. Todo depende del uso que queramos darle».

No es un indicador inadecuado si lo que deseamos es medir, sin más, el valor de la corriente de bienes y servicios que producen las economías. No obstante, incluso para esta finalidad exhibe numerosas debilidades, pero lo cierto es que es la mejor herramienta de la que disponemos actualmente.

En cambio sí puede considerarse como inadecuado para medir el bienestar, el desarrollo o indicativos tan claves como la felicidad. Para esta última consideración, además de los llamamientos del propio Kuznets, es interesante el artículo de Jeffrey Sachs, La economía de la felicidad (Project Syndicate, 2011).

¿Existen alternativas al enfoque imperante durante estas últimas décadas?

Lo cierto es que frente al enfoque dominante del crecimiento económico, han surgido diversas corrientes, voces y herramientas que buscan medir el progreso de manera más holística y sostenible.

El concepto de desarrollo, tradicionalmente asociado al crecimiento económico, ha evolucionado hacia enfoques más amplios que consideran no solo el aumento de la producción, sino también la mejora de la calidad de vida, la equidad social y la sostenibilidad ambiental. 

El decrecimiento propone reducir la producción y el consumo para disminuir la presión sobre los recursos naturales, formulando nuevas ecuaciones con el objetivo de construir sociedades más justas y equitativas sin depender del crecimiento económico constante. 

Y para complementar estos enfoques contamos con una variedad de indicadores, como la Felicidad Interna Bruta (FIB), que mide el bienestar subjetivo de la población, o el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que considera aspectos como la salud, la educación y el nivel de vida. 

Ejemplos como Bután, que ha adoptado la FIB como indicador oficial, demuestran que es posible construir sociedades prósperas y felices sin sacrificar el medio en el que cohabitamos.

Jeffrey D. Sachs, Profesor Universitario en la Universidad de Columbia, ex Director del Centro para el Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia y Presidente de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU; en 2011 se reunió con numerosos expertos en Thimphu, capital de Bután,  para analizar la experiencia del país. Puedes leer el resto del artículo y sus conclusiones aquí

Las 8R´s  y los principios Básicos del Decrecimiento

El decrecimiento se basa en ocho pilares clave, conocidos como las 8R´s, que sirven como guía para una economía y una sociedad más sostenibles:

  1. Reevaluar: Cuestionar los valores predominantes que asocian el bienestar con el crecimiento económico. Se trata de redefinir el éxito desde una perspectiva centrada en la sostenibilidad y la equidad social.
  2. Reconceptualizar: Reformular la forma en que entendemos el consumo, la producción y el desarrollo. Apostar por modelos de vida que prioricen la calidad sobre la cantidad.
  3. Reestructurar: Transformar el sistema económico y social para reducir la dependencia del crecimiento material y del consumismo.
  4. Redistribuir: Garantizar una distribución equitativa de los recursos y la riqueza, evitando la concentración de poder económico en manos de unos pocos.
  5. Relocalizar: Fomentar la producción y el consumo locales para reducir la huella ecológica del transporte y fortalecer la economía regional.
  6. Reducir: Disminuir el consumo de recursos y energía, promoviendo estilos de vida más sencillos y sostenibles.
  7. Reutilizar: Extender la vida útil de los productos a través de la reparación y la reutilización, evitando la generación innecesaria de residuos.
  8. Reciclar: Fomentar la economía circular mediante la transformación de materiales desechados en nuevos recursos, minimizando el impacto ambiental.

Estos pilares no solo buscan reducir el impacto ecológico, sino también replantear la organización de nuestras sociedades y economías para hacerlas más justas y resilientes. La aplicación de estas 8R´s requiere un cambio cultural profundo que desafíe el paradigma actual y fomente un modelo de desarrollo basado en la sostenibilidad y el bienestar colectivo.

Por su parte, los pilares del decrecimiento (las 8 R´s) ofrecen una guía básica para la implementación de los principios que sirven como marco de referencia para tomar decisiones y diseñar políticas. Estos son:

Suficiencia

En lugar de perseguir un crecimiento económico ilimitado, se busca satisfacer las necesidades básicas de todas las personas, promoviendo una vida más sencilla y satisfactoria. Esto implica reducir el consumo innecesario y valorar la calidad de vida por encima de la cantidad de bienes materiales.

Reutilización y reciclaje

Conectando con el principio anterior, el decrecentismo fomenta la reutilización y el reciclaje de materiales, reduciendo la generación de residuos y la extracción de recursos naturales. Esto implica adoptar hábitos de consumo más responsables y promover una economía circular.

Uno de los caballos de batalla del decrecimiento es la eliminación de la obsolescencia programada; reconsiderar la vida útil de un producto por parte del fabricante y apostar por la economía circular y los conceptos de economía regenerativa.

Reducción de la desigualdad

El decrecimiento se centra en una distribución más justa de la riqueza y los recursos, reduciendo las desigualdades sociales y económicas. Esto implica promover políticas que favorezcan la igualdad de oportunidades y la justicia social.

Un ejemplo bastante alarmante de injusticia social, son los denominados desiertos alimentarios, que han proliferado en Estados Unidos, donde no hay acceso a alimentos frescos e incluso supermercados en zonas donde los ratios de pobreza son mayores. Estos son reemplazados por cadenas de comida rápida, generando  una merma en la calidad de vida de la población acuciando problemas de desnutrición, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y un largo etcétera.

Cooperación

El decrecimiento fomenta la cooperación y la solidaridad entre las personas y las comunidades, en lugar de la competencia individualista. Esto implica fortalecer los lazos sociales y construir relaciones basadas en la confianza y el respeto mutuo.

Localización

Al producir localmente, se reduce la dependencia del transporte masivo y se minimizan las emisiones de carbono.

Este enfoque también implica fortalecer las economías locales, creando empleos y fortaleciendo la resiliencia comunitaria y la soberanía alimentaria (el derecho de los pueblos a definir sus políticas agropecuarias y de producir alimentos a nivel local).4

Según la Cooperativa de Agricultores (COAG), el índice de soberanía alimentaria en las islas se encuentra entre el 9 y 10%. Y esta dependencia se está agravando, debido al crecimiento de la población y del turismo, que incentiva la mayor importación de productos, por la inmediatez de su abastecimiento.

Democracia

El decrecimiento aboga por una democracia más participativa y directa, donde los ciudadanos tengan un rol activo en la toma de decisiones que afectan sus vidas y el medio ambiente. Esto implica una serie de acciones para fortalecer los procesos democráticos y garantizar la transparencia y la rendición de cuentas en todos los niveles de gobierno y las instituciones públicas como pueden ser:

  • El fortalecimiento de los procesos democráticos.
  • Garantía de transparencia.
  • Garantía de rendición de cuentas.

Además de estas acciones, el decrecimiento también implica una redefinición del papel del Estado y la economía en una sociedad democrática. Se le pide al Estado, como garante del bien común y los derechos fundamentales, que regule la economía para asegurar la sostenibilidad y la equidad. La economía debe estar al servicio de las personas y el medio ambiente, y no al contrario.

Transición justa

Los decrecentistas reconocen la necesidad de una transición justa hacia un modelo económico más sostenible, que proteja los derechos de los trabajadores y las comunidades más vulnerables. 

Esto implica diseñar políticas que mitiguen los impactos negativos de la transición y garanticen una distribución equitativa de los beneficios.

Cuidado del medio ambiente

Se reconoce de manera absoluta la importancia de proteger el medio ambiente y se buscan soluciones que minimicen el impacto humano en los ecosistemas. Esto implica adoptar prácticas sostenibles en todos los ámbitos de la vida.

Reflexiones sobre las diferencias entre decrecimiento y desarrollo sostenible

El debate final de la 9ª Edición del Foro Géiser nos dejó una reflexión fundamental: nos aferramos a conceptos y términos que, en esencia, son contradictorios. La idea de «desarrollo sostenible» choca con la realidad de un sistema económico basado en el crecimiento incesante y en el consumo de recursos. Nos resulta difícil concebir una economía desligada de la expansión material, pero si la sostenibilidad implica lo contrario al crecimiento sin límites, ¿cómo podemos reconciliar ambos conceptos?

Nos encontramos, según se planteó en el debate, en un momento crítico. No basta con imaginar cómo mejorar el futuro; es imperativo asegurar que haya un futuro. Esto implica abandonar la inercia del sistema actual y adoptar estrategias basadas en la información, el conocimiento y la desmaterialización.

Si bien el decrecimiento puede sonar a renuncia o a pérdida, una nueva perspectiva sugiere enfocarnos en crecer en los aspectos que realmente importan: más colaboración, más inteligencia, más conexión y bienestar colectivo.

Como se planteó en el cierre del Foro, la clave no es simplemente «crecer menos», sino transformar la dirección de ese crecimiento hacia ámbitos que beneficien al planeta y a la sociedad sin depender del consumo excesivo de recursos finitos.

El Club de Roma advirtió en su informe de 1972 sobre «Los límites al crecimiento», y su propuesta de un crecimiento cero fue rápidamente descartada por miedo al cambio. A raíz de ello, se acuñó el término «desarrollo sostenible», pero sin un cambio real en las estructuras económicas y culturales. Si queremos un futuro viable, debemos afrontar con valentía las conversaciones necesarias y replantearnos la lógica económica dominante.

En Foro Géiser abrimos el espacio para esta discusión, pero queda camino por recorrer. La invitación para la próxima edición es clara: hablar no solo de crecimiento o decrecimiento, sino de las estrategias concretas para asegurar el futuro que deseamos construir.

Referencias

  1. Latouche, S. (2009). La apuesta por el decrecimiento. Icaria Editorial ↩︎
  2. Informes del Club de Roma ↩︎
  3. Extraído del libro CANARIAS. MISIÓN PRODUCTIVIDAD, de Antonio J. Olivera y David Padrón (2024), Gaveta ediciones ↩︎
  4. Acción contra el hambre, ¿Qué es la soberanía alimentaria? ↩︎

IMAGEN |  Ludde Lorentz en Unsplash

  • Doctor en Economía Aplicada, ex director general en sostenibilidad del Gobierno de Canarias, enfocado en integrar ODS en políticas públicas.
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  • Experto en SEO y Growth Hacking, co-fundador de Economía TIC. Dilatada experiencia internacional liderando equipos multidisciplinares y multiculturales con un enfoque colaborativo.
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